TÉCNICAS
Este trabajo era realizado por sacerdotes especializados.
Aunque su trabajo era esencial para la mentalidad religiosa egipcia,
estos sacerdotes no eran bien vistos por la población en general que
los relacionaba directamente con la muerte.
Una vez han desaparecido los signos de vida, los familiares entregan el
cuerpo a los sacerdotes para su momificación.
En los casos de mujeres agraciadas físicamente,
se esperaba a que aparecieran los primeros síntomas de putrefacción,
pues se dieron casos (perfectamente documentados) de necrofilia.
Lo que sabemos de las técnicas se debe en especial
al historiador griego Herodoto.
Este diferenció tres clases de momificación.
Estudios posteriores realizados en las momias han revelado
muchas incógnitas.
Veamos qué nos comenta el griego (recordemos que se trata de un relato
realizado en época reciente):
Cuando en alguna casa muere un hombre de cierta categoría,
todas las hembras se cubren de barro la cabeza y la cara, y luego de dejar
el cadáver en la vivienda, recorren la ciudad junto con los parientes del difunto,
golpeándose el corazón, llevando las faldas arremangadas y los pechos al aire.
También los hombres se golpean el pecho y se remangan.
Cuando todo esto ha terminado, se llevan el cadáver al embalsamatorio.
Allí se hace cargo de él un equipo de gentes especializadas
que cuando se hallan ante el cadáver muestran a los parientes varios tipos
en forma de maniquíes de madera pintada imitando los colores naturales.
Y les dicen: Tal vez pueda interesarles este modelo, que es el más lujoso
(se trata de Osiris) pero no me atrevo a pronunciar su nombre.
Luego les presentan uno de otra clase más ordinario y económico,
y por fin un tercero que es el más barato de todos.
Una vez concluida la propaganda, piden a los parientes
cuál de estos tratamientos desean para su difunto, y cuando unos y otros
se han puesto de acuerdo en el precio, se vuelven a la casa los familiares,
dejando el muerto en manos de los embalsamadores.
He aquí cómo se realiza el embalsamamiento más suntuoso:

Primeramente, sirviéndose de un gancho de hierro que introducen por las
ventanas nasales, extraen el cerebro, pero no en su totalidad, pues una parte de él queda disuelto
por las substancias medicinales que se inyectan.

Seguidamente, con un afilado cuchillo de piedra cortante de Etiopía se
practica al cadáver una incisión en el flanco y le sacan las vísceras.
Y cuando se las han limpiado y rociado con vino de palma,
las pulverizan con especias molidas.

Luego rellenan el vientre con mirra pura triturada, finísima casia y
toda clase de sahumerios, excepto incienso, y lo vuelven a coser.

Después lo sumergen en un recipiente lleno de natrón
(una solución de carbonato sódico),
dejándolo allí por espacio de setenta días, pero no más,
pues de lo contrario la sosa atacaría demasiado la carne.

Pasado este tiempo se saca de nuevo el cuerpo, lo lavan bien, y le llenan el vientre
con serrín de madera.



Los operadores juntan fuertemente las piernas del cadáver,
lo cruzan de brazos, procediendo acto seguido a envolverlo totalmente,
cara inclusive, con un sin fin de vendas impregnadas
de goma que los egipcios usan generalmente en lugar de cola.


Entonces los deudos se llevan el cadáver a casa y lo meten dentro de un ataúd de
madera de forma humana, y cuando ya está dentro del féretro, lo arriman de pie contra la pared en la
habitación del difunto.

Éste es el método más caro de preservación del cadáver.
Pero el muerto de los que no quieran gastar tanto y
escojan el segundo modelo, debe contentarse con el tratamiento siguiente:
Los embalsamadores llenan unas jeringas con aceite de cedro
que inyectan en el cuerpo, pero sin practicarle ninguna incisión ni
retirarlos intestinos, sino que lo introducen por el orificio anal que
luego obstruyen para evitar la salida del aceite.
Después de esta manipulación permanece el cuerpo en
el natrón los días correspondientes,
y al final de este período dejan que se escurra el aceite, el cual
ha tenido la virtud de disolver
el estómago y las entrañas y los arrastra consigo.
Mientras tanto la carne ha sido también atacada en
gran parte y disuelta por la sosa,
de modo que el cadáver se ha quedado casi en la piel y los huesos.
Cuando esto sucede, devuelven el cadáver a la familia y
no se preocupan de él.
El embalsamamiento de tercera clase al que recurren los menos afortunados,
es el siguiente:
Le limpian las tripas a fuerza de lavativas,
lo adoban con natrón durante los
consabidos setenta días, lo secan al sol y sin más requisitos se devuelve a la familia.
Pero cuando fallecen las esposas de los altos personajes,
sobre todo si han sido
bonitas y pueden ser objeto de deseo, no se entregan inmediatamente
para su embalsamamiento,
sino que se dejan pasar tres o cuatro días, o sea hasta que aparecen
los primeros síntomas de putrefacción,
y luego se entrega el cadáver a los embalsamadores, pues se supone que
entonces ya no corren peligro
de que abusen de ellas.
Si un egipcio, o incluso un extranjero, es despedazado
por un cocodrilo o muere en el río, entonces los habitantes de la ciudad
a cuyas orillas ha ido a parar el cadáver
deben embalsamarlo, adornarlo luego lo mejor que les sea posible y enterrarlo
en tierra bendita.
Nadie tiene derecho a tocarlo, ni sus familiares ni sus amigos.
Los sacerdotes del Nilo lo sepultan de su propia mano,
como si fuera algo más
que un cadáver humano.