Cómodo (180-192) ha pasado a la historia como el prototipo del tirano
cruel y violento.
Las causas de esta visión arrancan del 182,
cuando se descubrió una conjura palaciega contra él en la que participaba
una de sus hermanas. La sombra de traición provocó una oleada de
ataques y persecuciones contra los demás miembros de la familia
imperial y contra el Senado que alienaron las simpatías de todos.
Además, confió la tarea cotidiana del gobierno a varios
favoritos y la crisis financiera del Estado y el empeoramiento general
de las condiciones económicas agravaron aún más los problemas internos.
Cómodo fue víctima de varios complots, imaginarios o reales,
a los que contestó con durísimas represiones; finalmente, como no cabía esperar,
Cómodo fue asesinado por sus más íntimos.
Tras un breve paréntesis en el que los conjurados ofrecieron el
trono a un senador que apenas duró tres meses y su sucesor ganó el
imperio pujándoselo a los pretorianos, los ejércitos de Britania,
Panonia y Siria se sublevaron y proclamaron emperadores a sus respectivos
comandantes.
En la consiguiente guerra civil se impuso Septimio
Severo (193-211), un africano casado con una rica siria,
Julia Domna .
La ilegitimidad de Severo le obligó a proclamarse ficticiamente
hijo de Marco Aurelio y hermano de Cómodo para afirmar
el principio dinástico.
Aún así, no olvidó cómo había obtenido el Imperio
y el ejército obtuvo una situación de privilegio.
La moral de los soldados se elevó con mejoras de la paga,
derecho de matrimonio y otros privilegios que facilitaban su promoción;
además, Severo reclutó nuevas legiones y estableció en Italia una
fuerte guarnición a disposición del emperador que le servía para
disuadir futuros pronunciamientos y como reserva móvil
en situaciones de emergencia.
A Septimio Severo le sucedieron varios parientes suyos que cubren
el primer tercio del siglo II y que fueron designados en gran medida
por las conjuras e intrigas de la familia de Julia Domna.
Mientras se acumulaban graves problemas que estallaron
simultáneamente a la muerte de Alejandro Severo (235)
y que hasta la llegada al trono de Diocleciano (284) sumieron
a Roma en una grave crisis que conmocionó la estabilidad y
la propia integridad del Imperio.
Por un lado, las fronteras se vieron amenazadas simultáneamente por
los persas en el Éufrates y por los germanos en el Danubio; por otro,
la ausencia de un poder central fuerte convirtió al ejército en dueño
de la situación, poniendo y quitando emperadores al gusto de los soldados.
De esta manera, una veintena de emperadores legítimos y
más de medio centenar de usurpadores ocuparon este medio siglo trágico.
La situación empezó a cambiar cuando subió al trono
un enérgico soldado de origen dálmata, Claudio II (268-270),
que dedicó sus esfuerzos a contener con éxito la presión sobre el Danubio.
Le sucedió en el trono Aureliano (270-275), que logró reunificar de nuevo
el Imperio, suprimiendo a los usurpadores y secesionistas y comenzando
las reformas políticas, administrativas e ideológicas que devolvieron
a Roma y sus provincias la cohesión interna que se reafirmó con Diocleciano
y la Tetrarquía.
Aunque no pudo controlar todos los problemas que acuciaban
al Imperio, lo fortaleció, superando en gran medida la crisis sufrida a
lo largo del siglo III.
Para ello practicó una política unitaria, de control absoluto
-que empezaba por buscar una unidad moral y religiosa, frente
al politeísmo tradicional de un lado y frente al cristianismo,
al que persiguió, de otro-, actuó con rigor en la administración de la
Hacienda -con devaluaciones y reajustes monetarios y nuevos ingresos
procedentes de la destrucción de Palmira y restauración del poder en
Oriente-, controló las fronteras del Imperio frente a los avances de
pueblos germánicos, y los diferentes intentos de sublevación en provincias
tanto de Oriente como de Occidente.
Sin embargo, una vez más se produjo el asesinato del emperador
y se nombró otro nuevo,
Tácito (275-276), aunque esta vez fue el Senado quien lo
eligió, frente al ejército como venía siendo costumbre.
Éste hubo de controlar a los godos en Cilicia,
pero fue asesinado, al igual que su sucesor Floriano (276),
aclamado nuevamente por el ejército en Asia Menor, mientras que Probo
(276-282) lo era por el de Egipto y Siria.
En el enfrentamiento vencieron estos últimos y Floriano
murió a manos de sus propias tropas.
Probo, un antiguo general de Aureliano, que tras controlar
los nuevos avances de los bárbaros en Occidente afianzando las fronteras
del Danubio y el Rin, sofocar sublevaciones de la Galia y otras insurrecciones
en Oriente, intentó una política de paz, distinta completamente de la tónica
general del siglo. Anhelaba un mundo sin armas o ejércitos e intentó
que sus soldados se dedicaran al cultivo de la tierra, pero esto no
parecía interesar a las tropas y, de hecho, cayó asesinado en el 282.
La violencia y la confusión continuaron en la sucesión de los siguientes emperadores:
Caro (282-283), vencedor de los persas en Mesopotamia y Armenia,
fue asesinado a su vez, por sus propios hijos Numeriano (283-284)
y Carino (283-285), que le sucederían.
En el 284 la situación cambia completamente y un
nuevo emperador estabiliza el Imperio, retomando
y superando los logros de Aureliano.
Con Diocleciano (284-305) el Imperio se restablece
en su unidad política y se recupera del clima de caos que ha sufrido
durante las décadas anteriores, salvo breves paréntesis.
Pero, a la vez, se transforma sustancialmente,
modificando la estructura del Estado con profundas reorganizaciones
políticas, administrativas y económicas.
El vasto Imperio, amenazado continuamente en las fronteras
por pueblos diversos como los francos, alemanes o sajones y en el interior
por sublevaciones y saqueos como los de los bagaudas en las Galias,
necesitaba de un control sistemático que difícilmente podía llevar a
cabo un solo hombre.
Majencio(306-312) es proclamado Augusto en el 306 por la guardia pretoriana
en Roma, tras asesinar a Severo.
El nuevo Augusto asumía así el control de Italia y África.
Por otra parte, en el 308, se nombra a Licinio (308-324)
nuevo Augusto de Occidente, a raíz de la conferencia de Carnutum.
Se llega así a una situación caótica de siete emperadores
(incluyendo al usurpador Domicio Alejandro en África) que pretenden gobernar
el Imperio.
Pero la situación terminó por simplificarse a base de
la eliminación de contrincantes: en el 310 Maximiano es asesinado por
Constantino, Alejandro cae a manos de un prefecto de Majencio en el 311,
fecha en la que muere de enfermedad Galerio.
En el 312 Majencio es derrotado en Saxa Rubra y Licinio neutralizado,
al menos de momento, como rival, ya que se asocia al poder con Constantino,
además de casarse con una hermana de éste. Licinio vence en Adrianópolis
a Maximino Daia, que muere en el 313.
Nuevamente la situación parece estabilizarse: hay dos Augustos,
Constantino y Licinio, pero surge la rivalidad, que tratan de resolver
nombrando Césares a dos hijos de Constantino y uno de Licinio.
Pero, finalmente, la guerra vuelve a estallar en el 324 y
Licinio y su hijo serán derrotados en Adrianópolis y ejecutados.
La Tetrarquía se ha disuelto.
Constantino vuelve a ser emperador único y sus hijos los
futuros herederos.
La figura de Constantino I se convierte en el eje fundamental
la historia del Imperio en el siglo IV.
El poder absoluto en manos de una única persona y la
divinización del poder que había conseguido Diocleaciano tienen su
desarrollo con Constantino.
Su gobierno va indudablemente ligado a su propia
espiritual y personal.
CONSTANTINOPLA : LA NUEVA CAPITAL DEL IMPERIO.
El gobierno de Constantino cambió en muchos aspectos el mundo romano,
ya profundamente transformado desde Diocleciano y el comienzo del denominado
Bajo Imperio.
Probablemente uno de los símbolos más característicos de
estos cambios sea que Roma había dejado de ser el centro neurálgico del Imperio.
Ya en el siglo III, los emperadores residían en distintas ciudades, según
la situación militar y cada uno de los tetrarcas había vivido en otras tantas
ciudades, pero ahora Constantino crea una nueva ciudad que desplaza a Roma
y se erige en símbolo del nuevo emperador: Constantinopla.
Nominalmente Roma sigue siendo la Urbe por excelencia,
su gobernador es un prefecto y no un procónsul como en la nueva ciudad,
pero la administración del Imperio se gestiona ahora desde la nueva
residencia del emperador, situada en un lugar más estratégico,
dadas las dimensiones del Imperio y la conflictividad de las distintas zonas.
Roma pierde poco a poco su posición de primera ciudad del orbe.
HEREDEROS DE CONSTANTINO.
Al morir Constantino en el 337, el Imperio queda en manos de sus hijos,
no sin antes haber procedido éstos a eliminar a todos los miembros de
las familias colaterales que pudieran haber aspirado al trono.
Sólo se salvó Galo y Juliano, sobrinos del emperador,
pues aún eran niños, aunque permanecieron en cautividad
y sufrieron exilios diversos.
El reparto de poder se hace en Viminacium: Constantino II (337-340),
las Galias, a la vez que ejerce la tutela de su hermano menor Constante
(337-350), que heredaba Italia, África y la diócesis de Macedonia.
El otro hijo, Constancio II (337-361), asume el mando de
Oriente y la diócesis de Tracia.
En el 340, Constantino II ataca a Constante pero, al ser
derrotado, sólo quedan dos Augustos, Constante en Occidente y Constancio
II en Oriente.
Diez años después Constante será víctima de una conspiración,
con lo que a partir del 350 vuelve a gobernar un solo emperador: Constancio II.
Con éste se impone el arrianismo como religión principal en la parte oriental
del Imperio.
Las luchas de poder alientan una vez más a los usurpadores.
Así, Magnencio , soldado de origen germano, se proclama Augusto, aunque
es derrotado en 353.
En Oriente, el emperador había nombrado César a su primo
Galo , superviviente junto con su hermano Juliano de la matanza habida
en la familia de Constantino a su muerte.
Dada la crueldad y terror desplegado por Galo en su gobierno
y la poca fiabilidad que le inspiraba, el emperador lo mata;
en cambio, nombra César en Occidente a su otro primo, Juliano (361-363),
probablemente por la difícil situación en Occidente y a instancias de su
propia mujer, Eusebia .
Juliano era un joven que había vivido dedicado al estudio y a la
formación intelectual, sobre todo, del mundo griego.
Sin experiencia y con tropas limitadas, parte para
las Galias, donde pronto se revela como un militar de grandes dotes.
El recelo surge en Constancio II, que
le reclama sus mejores tropas.
El ejército se niega a volver y lo proclama Augusto en el 360.
En el 361, muere Constancio II rendido a la evidencia de que
Juliano es el heredero único de la dinastía constantiniana.
Su breve gobierno es uno de los más intensos, carismáticos
y apasionantes del siglo IV: la antítesis de Constantino.
Su formación intelectual y su odio personal contra la familia de éste,
le llevan a intentar restaurar la religión pagana tradicional de Roma
y vuele a concebir un Estado como el que consolidaran los antiguos
como Augusto o Marco Aurelio.
Los historiadores reconocen sus logros económicos,
administrativos y sus cambios dirigidos a una política más social y menos
burocratizada, si bien la historia cristiana ha transmitido una image
muy negativa por su paganismo, llamándolo Juliano el Apóstata .
Al principio trató con tolerancia la religión cristiana, pero en su proceso
de paganización decidió que los maestros fueran paganos y los cristianos
o no acudieran a las escuelas o fuesen a las paganas.
La sociedad ya estaba profundamente cristianizada y este
retorno al viejo mundo no llegó a cuajar.
Acometió el último sueño del Imperio, conseguir dominar a los persas,
pero en el 363 cayó asesinado durante esta campaña, tal vez por uno de
sus soldados cristianos.
A su muerte las tropas eligen a Joviano (363-364),
que firma la paz con los persas en condiciones penosas y regresa a
Antioquía donde restablece el cristianismo.
Joviano muere de forma inesperada en el 364 y el ilirio Valentiniano (364-375)
y su hermano Valente (364-378), son proclamados nuevos emperadores.
Vuelve a separarse el mando del Imperio en Oriente y Occidente,
pero esta vez de una forma más efectiva y clara: división militar,
administrativa y económica.
Con el nombramiento de Graciano (367-383), hijo de Valentiniano, como su sucesor,
la fractura es mayor aún.
El problema más acuciante es, sin duda, el control
de las fronteras.
Aunque Valentiniano marca una política de cierta preocupación
social -nombra un defensor de la plebe- y tolerancia, se ve abocado
a una creciente militarización y jerarquización de la vida pública
ante los problemas.
Muere víctima de una conspiración y le sucede Graciano
en el 375.
Pero en la Galia, a instancias de algunos nobles
como Petronio Probo, es nombrado emperador su hermanastro Valentiniano II
(375-392) de sólo cuatro años, al que tiene que aceptar.
Paralelamente Valente gobernaba en Oriente con una notoria crueldad y
con una política desastrosa con respecto al control de las fronteras.
Los pueblos godos, presionados por los hunos, van situándose
en las fronteras y avanzando cada vez más.
Una situación que ya no desaparecerá y conducirá a la
extinción del Imperio, a pesar de los pactos sucesivos que se establecen,
sobre todo, con Teodosio.
En uno de estos enfrentamientos,
Valente pierde la vida en Adrianópolis en el 378.
Graciano, por su parte, intenta una política distinta a
la de su padre de cara al Senado y en otros aspectos militares y
políticos, pero su poca capacidad militar y su notable debilidad de
carácter le sitúan en una difícil posición, por lo que llama al general
hispano Teodosio (378-395) (futuro emperador e hijo de Teodosio el Mayor,
general destacado a las órdenes de Valentiniano) y le nombra Augusto
de Oriente en el 379.
Mientras tanto Valentiniano II es prácticamente un emperador ficticio,
que controlaba Iliria, bajo la tutela de su madre y del general Merobaudes.
En el 383 Graciano sucumbe ante la sublevación del hispano
Magno Máximo, nombrado Augusto por el ejército de Britania.
Trata de ganarse a Valentiniano II, en realidad buscando
apoderarse de la mayor parte del Imperio y entrar en Italia;
así convence al joven emperador para enviarle sus ejércitos como apoyo
para combatir a los bárbaros en Panonia en el 387.
Valentiniano II y su familia se refugian en Tesalónica y
Teodosio logra vencer a Máximo en el 388.
Teodosio se convierte así en nuevo emperador único, ya
que Valentiniano II nunca fue restablecido y vivió desde entonces recluido
en las Galias hasta que se suicidó.
Teodosio vivía retirado en sus posesiones de Hispania,
tras la muerte de su padre, general a las órdenes de Valentiniano I,
que había sido ejecutado por causas no determinadas.
Pero, ante el desastre de Adrianópolis en el 378
y la amenaza bárbara que casi da al traste con Constantinopla,
fue mandado llamar por Graciano.
Se inicia así su ascensión al poder que culminaría
en el 388, según se ha indicado, al vencer al usurpador Máximo.
Teodosio consolidó definitivamente la capital del Imperio en Constantinopla,
convirtiendo así la ciudad creada por Constantino en el 325
en el eje del mismo, sobre todo de su parte oriental, y luego,
a la caída definitiva de Roma, en su única heredera.
La corte se estableció allí y se sentaron las bases
de lo que sería el Imperio bizantino.
Al poco tiempo Teodosio enfermó y murió el 19 de enero del 395 en Milán.
Ambrosio leería su elogio fúnebre.
Dos años después muere Ambrosio.
Estas dos muertes representan, sin duda alguna,
el final del mundo antiguo en muchos aspectos.
El Imperio, unificado por última vez con Teodosio se
divide para siempre.
Roma ha pasado a ser una ciudad más, aunque nominalmente siga
ostentando su aura de Ciudad Eterna y siga siendo la Urbe por excelencia.
En la centuria siguiente, el Imperio de Occidente
desaparecerá fragmentado en los múltiples reinos bárbaros y el
de Oriente se consolidará como Imperio bizantino comenzando
su andadura ya en solitario y alcanzando épocas de esplendor como con
Justiniano, hasta su extinción mil años después.
Teodosio ya estaba casado en Hispania con Aelia Flavia Flacilla,
cuando fue llamado a Oriente por Graciano.
Su nombramiento como emperador situaba a sus hijos,
Arcadio y Honorio , en la línea dinástica, a pesar de que no había vínculos
familiares claros con las familias imperiales anteriores.
Tal vez por esta razón, el propio Teodosio se preocupó
de consolidar las bases de su nueva dinastía: no faltaron los panegíricos
y elogios de importantes autores literarios, como Pacato o Claudiano.
La imagen de su mujer, de origen aristocrático, fue potenciada.
Católica ferviente, influyó en la política religiosa
del emperador, fue designada como augusta y, en calidad de madre
de futuros emperadores, su figura contribuyó decisivamente a la
de una favorable propaganda imperial de la familia.
Muerta Flacilla, Teodosio buscó emparentarse con la antigua familia imperial
y se casó con Gala, hermana de Valentiniano II, de quien nacería Gala Placidia
una de las mujeres claves en el final de la historia de Roma.
Ambrosio de Milán, por su parte, a pesar de las comentadas
difíciles relaciones con Teodosio, ya en la oración fúnebre por el emperador
sentó bases suficientes para que se aceptase la continuidad
de la nueva familia imperial.
De esta forma al morir Teodosio en el 395, Arcadio(395-408)
hereda Oriente y Honorio (395-423), Occidente.
Con ello, se consumaría finalmente la división total
del Imperio.
Sin embargo, ambos hermanos eran muy jóvenes y gobernaron
bajo tutelas y consejeros, lo que hacía de su gobierno,
así como el de sus sucesores, poco más que un gobierno nominal.
EL IMPERIO DE ORIENTE.
En Oriente, Arcadio es el primer monarca bizantino, pero el poder
lo ejercen diversos personajes, entre ellos Eutropio.
A la muerte de Arcadio en el 408, queda como regente Antemio.
El sucesor es Teodosio II (408-450), cuya importancia
estriba especialmente en la publicación del Codex Theodosianus,
el más fundamental cuerpo legislativo hasta el Código de Justiniano,
y la construcción de la muralla de Constantinopla.
Se suceden diversos emperadores, en medio de luchas
de poder también, hasta que, en el 518, ocupó el trono Justiniano,
el gran monarca bizantino.
EL IMPERIO DE OCCIDENTE.
En Occidente, el verdadero hombre fuerte era el general Estilicón
casado con Serena, la sobrina predilecta de Teodosio.
Sin embargo, murió ejecutado junto
con ella y su hijo en el 408.
La ambición de Estilicón ocasionó
enfrentamientos relativos al propio reparto de Oriente y Occidente,
aunque los hechos más conflictivos se produjeron con el avance de los visigodos.
Alarico, rey visigodo , con sus tropas federadas en Tracia y
nombrado magister militum por Eutropio, sitía Milán en el 401,
aunque es rechazado.
En el 406 grupos de pueblos bárbaros penetran en las Galias
e Hispania.
Se cierne ya sobre el Imperio de Occidente su final.
De hecho, en el 410, Alarico consigue llegar a Roma y
la saquea; aunque, al morir, su hermano Ataulfo,
se retira de Roma hacia las Galias.
Sin embargo, Ataulfo, en el 413, reconoce
a un usurpador, Atalo , frente a Honorio , violando el foedus
establecido, además toma como rehén a la hermana del emperador,
Gala Placidia, y se casa con ella en Narbona, en una verdadera
demostración de poder.
Pero en el 411, entra en escena un personaje clave,
Constancio , magister militum per ilyricum del 411 al 421,
que logra vencer a Ataulfo y se casa con Gala Placidia.
Éste es nombrado Augusto en el 421.
El hijo de ambos, de seis años, Valentiniano III (423-455),
será proclamado nuevo emperador a la muerte de Honorio en el 423.
Controlado el poder por consejeros, entre los que destaca
el general Aecio , habrá de enfrentarse al avance de los hunos con Atila
, derrotado en la batalla de los Campos Cataláunicos por el ya nombrado
Aecio en el 451, y al asentamiento de visigodos en Hispania y de vándalos
en África.
En definitiva, asiste a la desmembración del Imperio.
Con su asesinato en el 455, desaparecerá la dinastía de Teodosio.
El Imperio de Occidente está a punto de desaparecer: visigodos, francos,
ostrogodos han ido introduciéndose en el Imperio, ayudando unas veces
a los emperadores nominales, otras a los usurpadores, pero siempre
ganando tierras y asentamientos.
Hispania y África, la Galia, y Dalmacia están
controladas por estos pueblos que tratan de asimilarse a los romanos en
un proceso de aculturación ante el prestigio secular del Imperio,
de su cultura y tradición, pero cuyos jefes -revestidos de poder más
o menos asimilable a cargos romanos, nombrados generales del ejército
para defender al Imperio teóricamente, pero con mando sobre un ejército
que cada vez tiene menos de romano, formado en buena parte por esos mismos
pueblos bárbaros-, poco a poco se independizan y pasan a controlar tierras
de controlar la situación hasta que en el 476 el último de ellos,
Rómulo Augústulo(475-476) -casualmente llamado como el
legendario fundador de Roma- es depuesto por Odoacro , caudillo de
los Hérulos, a quien asesina el ostrogodo Teodorico .
Éste se convierte en el nuevo rey de Italia, su corte
se establece en Rávena, dando lugar a un período de esplendor gracias
a su romanización.
A pesar de su arrianismo, fue tolerante con los católicos.
Roma se vio en cierta medida revitalizada,
pero ya había dejado de ser el centro del mundo hacía mucho tiempo.
Aunque había una teórica dependencia de los primeros reyes bárbaros
al Imperio de Oriente, la autonomía era total de facto y se abre
a partir de ahora una transformación profunda de este mundo.
No es sólo la caída del Imperio romano,
que había surgido de Roma, es la transformación sustancial de un mundo
que conduce a una nueva realidad en Occidente.

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